La intelectualización de la ignorancia

Por Marieta SoRi

El gran problema con Donald Trump no es el elevado nivel de estupidez que posee. El gran problema con Donald Trump es el gran nivel de intelectualización que tiene. Él es un monstruo realmente gigantesco en intelectualizar. Y ante la pregunta de cómo un ser tan estulto puede ser acusado de ser un gran intelectualizador, la respuesta es simple: no son conceptos mutuamente excluyentes, de hecho se refuerzan, él no sería tan buen intelectualizador o racionalizador si no fuese profundamente imbécil. Su ignorancia, su limitación cognitiva, es precisamente lo que alimenta este mecanismo gigante, para encontrar justificación a sí misma y permitirle continuar. Donald Trump puede creer genuinamente que él es la persona menos racista en el planeta. Podríamos someterlo al polígrafo, neurociencia, detectores de mentira avanzados, y podría pasar todas esas pruebas. Porque él genuinamente cree que todas las personas son iguales. ¿Entonces por qué actúa del modo más xenófobo y racista que se haya visto en los últimos tiempos? Porque el cuestionamiento está mal enunciado, es una pregunta que no le llega, no lo toca. Trabaja en conceptos que no son mutuamente excluyentes sino complementarios y eso es lo que le permite continuar adelante. Él puede pensar que hay gente de primera categoría, de cuarta y octava categoría, puede pensar que hay humanos y subhumanos, puede pensar que existen ciudadanos con derechos y protociudadanos o subciudadanos sin derechos. Entonces, cuando él dice que no es racista en realidad no está mintiendo, él sí considera que todos son iguales y dignos de derechos. Sí. Sólo que él considera que los únicos plenos de derechos son los de su primera categoría. Ejemplo: El individuo (Trump) cree que existen humanos (gente blanca, sus amigos, los que le caen bien, los que le dan ganancias económicas, etc) y que también hay subhumanos (todos los demás). Entonces, si no eres de la primera categoría, para él no eres humano, ergo: eres otra cosa. Entonces, si él dice que “respeta a todos los humanos por igual” o que “no es racista” o que es “el más incluyente”, no se refiere a la sociedad en su conjunto, se refiere únicamente a las personas de su primera categoría. De modo que si tú estabas en la segunda categoría (piensa él) no deberías de sentirte discriminado, porque en realidad no te está quitando o negando derechos: para él tú nunca tuviste esos derechos en primer lugar (no eras considerado siquiera humano).
El gran peligro de Donald Trump, y su entorno y su influencia, es este gran poder intelectualizador que posee y comparte con otros. Ese poder les permitirá navegar y sortear todas las olas sin hundirse porque nadie nunca les dirá lo que en realidad son. Es un disfraz perfecto, un camuflaje genial que te permite pasar por encima de todo sin “quebrar ninguna regla”. Incluso mucha gente podrá identificarse con él, usar el mismo camuflaje y decir: ¿ya lo ven? Yo nunca fui racista. Es más hasta soy incluyente, en mi lista de humanos de primera tengo un par de negros, un homosexual y un chino. En mi lista de no humanos está todo el planeta, rocas y la basura. Pero yo nunca he sido racista.
Lo que es más difícil es distinguir si fue la sociedad la que moldeó este poder que usufructa Trump y su entorno, o si la sociedad está moldeándose al poder de intelectualizar para esconder la ignorancia y la estupidez. Un asunto de huevo y gallina. Pero sus efectos ya pueden rastrearse en varios sectores de la sociedad, en un cierto espíritu podrido que anda rondando las ciudades.
Tomemos por ejemplo el caso del acoso sexual en el transporte público. Las cifras son alarmantes y la impunidad una fuerza monstruosa que lo cobija, entonces la sociedad reclama. La voz de las mujeres se alza y pide que ya no se siga tolerando tal crimen, que se haga algo para solucionarlo. Entonces, el gobernante estúpido, que no ha ni leído ni escuchado (ni tenido la intención de leer o escuchar) algo sobre derechos de las mujeres, se da cuenta de que no puede seguir solapando la situación, que es un problema grave y que es su responsabilidad. “La sociedad ha cambiado”, piensa. Piensa también que en el pasado esto (el reclamo de las mujeres) sería inconcebible. Se siente abrumado y confundido. En este momento el gobernante estúpido podría tomarse un tiempo para leer o escuchar algo sobre lo que los expertos y estudiosos del tema han escrito y dilucidado al respecto de la violencia de género, por ejemplo. Pero no lo hace. Piensa que no hay tiempo que perder. Por eso mismo tampoco consulta a ningún otro experto o estudioso. Piensa que él, desde su posición de poder, puede sobrevolar estos temas y salir con la solución adecuada, que por algo es el gobernante él y no otro. Entonces hace pequeñas sumas y restas en su cabeza y viene con una solución: separar a hombres y mujeres. Le parece muy lógico. Si los hombres son paja y las mujeres fuego (como decían los refranes de sus abuelos arcaicos) pues los separamos y listo: no más incendios. Se regodea entonces el gobernante en su propia autosuficiencia. Qué listo soy, piensa, cuánto tiempo el que pierden esos estudiosos y expertos si la solución ha estado ahí desde siempre, seguramente debo ser un genio. Al igual que Trump, intelectualiza su propia ignorancia para justificarla. Y ante la luz de sus nuevos poderes de genio, el gobernante estúpido va un pasito más lejos. Se nombra ahora mismo defensor de las mujeres, o feminista, o patrón guardián, o el primer alcalde en pensar tanto, o cualquier título similar. Cree que él está ya muy, muy por encima, de todas las discusiones intelectuales posibles. Después de todo él fue el gran hombre que ideó la solución. Pero trasladémonos ahora al terreno.
En el autobús va ahora Juanito Patas. Juanito nunca ha cometido un abuso sexual, no le ha pasado por la cabeza siquiera, tiene una concepción vaga de por qué no lo hace, tiene una moralidad moldeada por su sociedad, pero se considera a todas luces un hombre de bien y un buen ciudadano. Juanito escuchó mucha alharaca los días previos. Se enteró de que existe una situación de la que él no estaba enterado: el acoso sexual en el transporte público. El viernes usó el autobús y supo de las protestas que se estaban llevando a cabo. Durante todo el fin de semana sintió curiosidad por el tema aunque no tuvo muy claro qué pensaba al respecto. De cualquier manera no le afectaba a él directamente y no era el perpetrador tampoco, así que lo dejó pasar. El lunes cuando Juanito Patas va a trabajar se encuentra con que el autobús que usa a diario ahora está dividido. De buenas a primeras lo están culpando indirectamente a él de ser causante de los delitos (pierde su derecho a la presunción de inocencia) y se enoja, esto le molesta y también le enfada sobremanera tener que esperar, tener que ser observado y señalado como nocivo y tener que someterse a una ley absurda. Ahora sí ya le afecta a él este problema. Pero ya es muy tarde para informarse o documentarse, aquel pequeño momentum de diálogo y consciencia que tuvo durante el fin de semana se ha perdido para siempre. Ahora al llegar a su casa enciende la tele y ve que el alcalde ahora se hace llamar feminista defensor y genio. Juanito lo ve autocomplacerse en su supuesta inteligencia, y lo ve también cómo se regodea con ser un individuo “superior” y “muy avanzado” y no un ignorante como los criminales hombres de esos autobuses. Ante los ojos de Juanito todo ha cambiado. Ahora ya no lo ve como un problema social. No. Ahora Juanito lo ve todo como una turba en contra de él. Y en lugar de haber hecho consciencia y haberse documentado como era su intención original frente al problema, ahora Juanito lo ve todo como culpa de unas señoras feministas que le quitaron sus derechos y lo criminalizaron, y que son sus enemigas al igual que este “nuevo” gobierno y estas “nuevas” ideas y esta “nueva” sociedad que le quieren imponer. Y no podría estar más equivocado Juanito Patas. Las mujeres que protestaron no fueron quienes dividieron el bus, ellas no tenían el poder para hacer eso. Las “ideas nuevas” no fueron las que lo criminalizaron, porque esas “ideas nuevas” ni siquiera pasaron por la mente del gobernante estúpido; el gobernante no quiso ni leerlas ni escucharlas, no son ellas las “culpables” sino las ocurrencias del gobernante estúpido. Esas ocurrencias son las enemigas de Juanito Patas, pero él no lo sabe. No podría desde su perspectiva atar los cabos. El alcalde mintió, intelectualizó su ignorancia, y dijo que lo hacía todo porque él es muy listo y sabe de temas de avanzada. Pero Juanito no sabe que el alcalde es un imbécil y un inculto, desde el punto de vista de Juanito son simplemente estos “cambios” e “ideas” las que ahora lo atacan. Pero el verdadero peligro y lo verdaderamente nocivo para la sociedad es la intelectualización que el gobernante hizo de su propia imbecilidad. Y así, el fenómeno va permeando por todas las capas de la sociedad, goteando despacio como pequeña filtración corrosiva.
Gente con criterios de mierda, con inteligencias de mierda, pero con mucho poder en sus manos, está tomando decisiones estúpidas e intelectualizándolas. Capeándolas con huevo para hacerlas pasar por comprometidas, por avanzadas, por inteligentes, del mismo modo en que Donald Trump cree genuinamente que no es racista. Y la gran masa, que no está en el mismo pedestal de poder que ellos, se hace de una idea tergiversada sobre lo que debía ser defendido o de aquello por lo que se abogaba en primer lugar. El genuino derecho y el reclamo de las mujeres en contra del acoso se convierte para la masa en un “problema” que causa estragos en todos los demás ciudadanos. La masa entonces toma de enemigo a quien denunció el problema original y no al problema en sí. El alcalde obtiene su pequeño logro que le permite seguir adelante y se desentiende de la mella social que ocasionó. Y lo peor: el problema original que fue denunciado ni siquiera obtiene solución. Todo queda al revés y sin arreglar. Para la masa estadunidense de pronto resulta que el problema no es el racismo de Trump sino “la sociedad exagerada” y su “políticamente correcto”. Esos pequeños quejumbrosos a los que todo les molesta resulta que son los culpables y no el racismo que están denunciando.
En otra de estas filtraciones de intelectualizar la estupidez y la ignorancia está lo sucedido recientemente con festivales internacionales de cinematografía. Por ejemplo Cannes. Un grupo de señores con mucho poder, pero con bajos criterios, deciden poner en la competencia oficial a una película “televisiva” de pobre calidad (Okja) con el resto de las seleccionadas. Alegan que no importa que no cumpla con los lineamientos del certamen, que no importa que no tenga ni el nivel ni la calidad. Ellos, los señores de poder, han oído al igual que el alcalde estúpido que la “sociedad ha cambiado mucho”, ellos han sentido igual que Juanito Patas que “el discurso de género de las ideas nuevas está de moda”, ellos piensan al igual que Donald Trump que si tienen mucho dinero es porque deben ser muy inteligentes y muy poco intolerantes y muy poco racistas y muy poco todo lo que ahora la sociedad señala y condena. Y por esos razonamientos le hacen la “caridad” al festival y a nosotros los espectadores de apabullarnos con su “genialidad” y de poner una película de manufactura despreciable en el mismo nivel que el elevado arte cinematográfico. Ellos al igual que el alcalde ni leyeron ni se documentaron, al igual que a Juanito les ganó la pereza intelectual, pero les han dicho que Okja es una película muy proanimalitos, muy open muy intelectual y que ellos son geniales por poder distinguirla y que no son como el resto de los mortales estúpidos. Entonces van y la imponen en la competencia y que se vaya al catre todo. De un plumazo crean millones de Juanitos Patas entre los espectadores, gente que cuando vea tremenda basura no va a razonar ni a descubrir que fue culpa de unos señores con bajsos criterios que expusieran esa película. No. Los espectadores sentirán, al igual que sintió Juanito, que es esta “nueva ola”, este “políticamente correcto” lo que los acorraló a ver una película de mierda, lo que está “destruyendo todo”. Pero no podrían estar más equivocados, no fue el cambio de paradigma, fue gente estúpida de pobre criterio pero con poder los que les hicieron la mala pasada. Gente con poder pero estúpida y muy acomplejada como para aceptar que no saben del tema, en este caso cine o arte. Que se deja llevar y que creyendo que “entiende” y que es más inteligente que los demás, ejecuta su poder sin contemplaciones y sin compromiso real.
Porque para Trump lo importante no es erosionar la división humana (como no lo fue para el alcalde acabar con el acoso sexual), para él es más fácil crear nuevas categoría de subhumanos (como dividir el autobús). Es decir: si hay humanos de primera y de segunda, en lugar de hacer a todos humanos primera categoría mejor hagamos nuevas categorías de segunda para que todos “se sientan incluidos”. Esa es su brillante solución. ¿Te discriminaron por negro? ¿Por homosexual? ¿Por discapacitado? No te preocupes, nunca alcanzarás la categoría de humano de primera, pero qué te parece si te hago un patio de juegos para que te diviertas con los de tu nivel, es más hasta creamos nuevas categorías para poner a más subhumanitos de tercera como tú.
Y de nuevo: al igual que con las soluciones imbéciles de los casos anteriores está “brillantez” no sólo no resuelve el problema original, sino que fomenta al problema en sí al tergiversar todo para la masa media.
Señor Trump, señores alcaldes imbéciles del mundo, señores poderosos con criterios del gran carajo, si no tienen la capacidad intelectual de ponerse en las grandes batallas, no lo hagan. No están obligados a ello. Háganse a un lado y guarden silencio. Su intelectualización, su racionalización de la estupidez propia, acapara todo, permea como ácido corroyendo lo poco que hay.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s